A lo largo del día se nos dan situaciones que nos provocan estrés, el corazón late rápido, los músculos se ponen rígidos y tensos, la temperatura corporal aumenta y nos hacen perder los nervios llegando a actuar o decir cosas que después nos podemos arrepentir y, por tanto, sentir mal.
En los talleres de técnicas de relajación que pongo en práctica con los padres e hij@s, me piden el secreto, y siempre digo: PACIENCIA Y CONSTANCIA
Primero vamos a intentar comprender cómo actúa nuestro cerebro ante un impulso.
Cuando somos pequeñitos, de 0 a 6 años, nuestro cerebro es muy simple y actuamos de forma impulsiva de acuerdo a las emociones que sentimos a través de nuestros sentidos, vista, oído, olfato, tacto,… su simplicidad no le permite el control voluntario de la conducta que muchos adultos consideran desobediencia, hiperactividad, poca atención,…
A medida que vamos creciendo, nuestro cerebro comienza a desarrollarse y se van estableciendo más conexiones entre las neuronas y eso nos va dando la posibilidad de ir tomando decisiones de forma reflexiva. Los principales neurotransmisores implicados son la serotonina y la dopamina, y es el aumento o el descenso de éstas la que producen la determinación de la conducta motora.
Pero, ¿ Qué es el autocontrol?
El autocontrol se define como la capacidad consciente de regular los impulsos de manera voluntaria, con la intención de alcanzar un equilibrio personal y social. Una persona con autocontrol puede manejar sus emociones y regular su comportamiento.
Con los niños podemos trabajar el autocontrol a través de juegos, muy sencillos y que le van a permitir conocer sus estados emocionales. En los más mayores, hay muchas técnicas y métodos pero uno de ellos es contar hasta 10, respira e intenta reflexionar la importancia que tiene esa situación que te provoca malestar, para poder actuar de una forma más relajada y consciente.
“LA REFLEXIÓN CALMADA Y TRANQUILA DESENREDA TODOS LOS NUDOS” Harold MacMillan
¡Gracias por compartir estos momentos conmigo!






















