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HABLAR POR HABLAR | EL BUEN USO DE LA LENGUA | Francisco Martínez Calle

Ya bien avanzado el capítulo XIX de la segunda parte del Quijote, el Caballero de los Leones, su buen escudero Sancho y un licenciado al que acompañan traban conversación acerca del buen uso de la lengua.

            Todo comienza cuando Sancho, en un arrebato de locuacidad, interviene para dejar claro que a nadie le está permitido saber lo que le espera ni lo que le está por venir, con las siguientes palabras:

(…) de aquí a mañana muchas horas hay, y en una, y aun en un momento, se cae la casa; yo he visto llover y hacer sol, todo a un mesmo tiempo; tal se acuesta sano la noche, que no se puede mover otro día. Y díganme: ¿por ventura habrá quien se alabe que tiene echado un clavo a la rodaja de la fortuna?

Don Quijote, que ha permanecido atento a los endiablados razonamientos de Sancho, no puede soportar tan confusa explicación, por lo que interviene, algo esquinado, para censurar a su escudero:

¿Adónde vas a parar, Sancho, que seas maldito? Que cuando comienzas a ensartar refranes y cuentos no te puedes esperar, sino el mesmo Judas que te lleve. Dime, animal, ¿qué sabes tú de clavos ni de rodajas ni de otra cosa ninguna?

La respuesta de Sancho, ofendido y nervioso, a la antipática regañina de don Quijote, le hace decir friscal en lugar de fiscal. La censura de don Quijote, como era de esperar ante tamaño error, fue inmediata:

Fiscal has de decir, Sancho, y no friscal (…).

Sancho, acosado de nuevo por su amo y señor, justifica sus errores lingüísticos al haber estado siempre alejado de los centros de cultura, causa de su mucha incultura:

No se apunte vuestra merced conmigo, pues sabe que no me he criado en la corte, ni he estudiado en Salamanca, para saber si añado o quito alguna letra a mis vocablos. Sí, que, ¡válgame Dios!, no hay para qué obligar al sayagués a que hable como el toledano, y toledanos puede haber que no las corten en el aire en esto del hablar polido.

Tras las excusas de Sancho, es el licenciado el que apostilla las categóricas afirmaciones de Sancho en materia de lenguaje:

Así es, porque no pueden hablar tan bien los que se crían en las Tenerías y en Zocodover como los que se pasean casi todo el día por el claustro de la Iglesia Mayor, y todos son toledanos. El lenguaje puro, el propio, el elegante y claro, está en los discretos cortesanos, aunque hayan nacido en Majadahonda: dije discretos porque hay muchos que no lo son, y la discreción es la gramática del buen lenguaje, que se acompaña con el uso. Yo, señores, por mis pecados, he estudiado cánones en Salamanca, y pícome algún tanto de decir mi razón con palabras claras, llanas y significantes.

Y poco más hay que añadir a lo dicho por el licenciado. Hablar bien no es hablar como lo haga cualquier castellano, andaluz o gallego. Hablar bien es hablar con claridad, como lo hacen los discretos estudiosos de la cuestión y todas aquellas personas bien formadas que usan las palabras apropiadas, dichas correctamente y adecuadas al asunto del que se trata y al contertulio al que se dirigen, ya sean castellanas, andaluzas o gallegas.

Hablar y escribir bien, como dice la gramática del buen lenguaje, es construir nuestros textos o discursos con palabras que sean claras, adecuadas, correctas y elegantes, a ser posible. Y poco más.

                                                                                  Francisco Martínez Calle

 

 

 

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