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HABLAR POR HABLAR. Refranes como peras en tabaque.- Francisco Martínez Calle

Con la intención de conocer el juicio del muy ingenioso don  Miguel de Cervantes acerca de los refranes, esas “sentencias sacadas de la misma experiencia, madre de las ciencias todas”, tan frecuentes en ciertos registros de la lengua, releo algunas páginas del Quijote en las que sus protagonistas polemizan sobre la validez y buen uso de tales productos lingüísticos.39francisco martinez calle

Así, hay un pasaje en el Quijote (Parte II, C 43) en que Sancho se extiende en el uso de refranes para explicar sus prerrogativas cuando él sea gobernador de la ínsula Barataria:

Y siendo yo gobernador, que es más que ser alcalde, ¡llegaos que la dejan ver! No, sino popen y calúmnienme; que vendrán por lana y volverán trasquilados; y a quien Dios quiere bien, la casa le sabe; y las necedades del rico por sentencias pasan en el mundo; y siéndolo yo, siendo gobernador y juntamente liberal, como lo pienso ser, no habrá falta que se me parezca. No, sino haceos  miel, y paparos han moscas; tanto vales cuanto tienes, decía una mi agüela; y del hombre arraigado no te verás vengado.

  Don Quijote, entonces, exhausto ante tanta incontinencia verbal, reacciona y  maldice a Sancho por sus inacabables retahílas de refranes, las cuales utiliza, las más de las veces, de manera desatinada:

¡Oh maldito seas de Dios, Sancho! ¡Sesenta mil satanases te lleven a ti y a tus refranes! Una hora ha que los estás ensartando y dándome con cada uno tragos de tormento.

Pero la respuesta de Sancho, que debería estar llena de moderación y cautela, por las muchas advertencias recibidas del bueno de Don Quijote, no se deja esperar:

Ahora se me ofrecen cuatro refranes que venían aquí pintiparados; o como peras en tabaque, pero no los diré, porque al buen callar llaman Sancho.

Don Quijote, aunque teme otra tanda de refranes de Sancho, pronto confiesa tener curiosidad por saber cuáles son esos cuatro “pintiparados”. Sancho, entonces, diligente y muy pagado de sí mismo, procede a enumerarlos:

¿Qué mejores que “entre dos muelas cordales, nunca pongas   tus pulgares”, y a “idos de mi casa y qué queréis con mi mujer, no hay responder”, y “si da el cántaro en la piedra, o la piedra en el cántaro, mal para el cántaro”, todos los cuales vienen a pelo?

Mas como al explicar el significado de sus cuatro perlas Sancho acabase añadiendo  otro refrán más a los anteriores (“Más sabe el necio en su casa que el cuerdo en la ajena”), Don Quijote protesta de nuevo:

Eso no, Sancho; que el necio, ni en su casa ni en la ajena sabe nada, a causa que sobre el cimiento de la necedad no asienta ningún indiscreto edificio.

Con esta última intervención de Don Quijote queda claro que los refranes, como todo en esta vida, han de ser traídos a propósito y nunca en exceso, pues, de lo contrario, hacen “la plática desmayada y baja”.

Y utilizaré para concluir las mismas palabras con que acaba la polémica el hidalgo, vencido ante la contumacia de su escudero, siempre dispuesto a decir refranes a troche y moche:

… he hecho lo que debía en aconsejarte con las veras y con la discreción a mí posible.

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