Manolo, todo buen corazón y espontaneidad, como siempre, se cruza, no ha mucho tiempo, conmigo en la ruta de la corta del río.
-Paco –me propone sin más rodeos-, a ti lo que te interesa, lo mismo que a Pedro, es que os hagáis socios del grupo de senderismo Ciquitraque de Écija.
-Hombre –le respondo precavido-, esa no es mala idea; pero yo, al menos, necesito saber qué requisitos se necesitan para ser socio, a qué me comprometo, cuáles son los itinerarios…
A los pocos días del encuentro, el 11 de enero de 2014, a las 7.30 de la mañana, en la puerta de un conocido establecimiento de Écija, Pedro, Mari, Carmen y yo, acompañados por mi perrillo Chuli, éramos cordialmente recibidos como nuevos senderistas por los miembros de Ciquitraque.
Enseguida, tras un desayuno a la carrera, con algo de frío y no poca niebla, el autobús parte, pausadamente, para la Axarquía malagueña. Poco a poco, a medida que los rayos del sol invaden el recinto del pasaje, las caras de todos comienzan a ser familiares, a la par que las conversaciones se generalizan.
Ya en Alfarnate (pueblo de curioso nombre, por cierto), mi mujer, mi perro y yo, con más decisión que cordura, nos disponemos a llegar al pico del Viso. Por fin, después de un tortuoso ascenso no exento de múltiples vacilaciones por diferentes motivos, llegamos a la cúspide de una montaña de belleza indescriptible. Desde el pico del Viso se podía divisar África, al frente; Málaga, con su extensa bahía, al este; el Veleta granadino, al oeste; y a nuestra espalda, Sierra Mágina, de tan lejanos y entrañables recuerdos para mí.
Después, ya de vuelta, siempre cuesta abajo, con una rodilla maltrecha y mi perrillo al hombro (había sufrido, ¡pobre Chuli!, grave herida punzante causada por afilado abrojo serrano), solo hallo consuelo al saber que en una venta cercana a Villanueva del Trabuco, me espera un abundante menú con típicos productos de la tierra. Allí, en la venta, fue la alegría desbordante; allí, el relato de múltiples anécdotas; y allí, la plenitud del buen llantar.
Camino de Écija, mientras lentamente se consume la tibia tarde de invierno, pienso en el ascenso al pico del Viso y lo imagino mucho más heroico y hermoso de lo que fue en realidad.
Gracias, pues, senderistas de Ciquitraque por habernos dado la oportunidad de compartir con vosotros el esfuerzo del ascenso, el gozo de la llegada y la recompensa de un largo día de convivencia. Gracias también, a todos vosotros por ser gente amable, solidaria y, sobre todo, amante de la naturaleza.






















