Abdicar , – ha sido para este los españoles, seguramente desde que entró como Rey en el año setenta y cinco tras la muerte de Franco, y de estar al frente de la democracia y de los distintos episodios fatídicos que sucedieron en este país, como el veintitrés-F, – uno de los momentos socio-políticos más importantes que hayamos podido ver.
El Rey, que como todos sabemos ha sido un hombre en el que todos los dirigentes de los partidos políticos de este país han confiado siempre, -a pesar de los episodios de los últimos años, – ha querido ver desde primera línea su sucesión, a sabiendas de que la situación entre la sociedad y la clase política está revuelta, harta, e informada de los casos de corrupción que tras la crisis se ha descubierto.
Tener la mayoría en el congreso de dos partidos políticos que avalen a la corona, habrá sido quizás uno de los motivos por el que El Rey haya expresado su deseo de abdicar, pero quizás, también ha querido visualizar que con el Príncipe Felipe, la juventud y su preparación, sea capaz de restar un poco de animadversión que se le tiene a la corona, y al mismo tiempo, ataje el problema de los nacionalistas con mayor ahínco y perspectiva.
Un nacionalismo que desde Cataluña nos llegan los ladridos de un presidente acorralado por su propia rabia, y nos deja entrever que quiere salirse con la suya a costa de cualquier premisa. Ahora dicen que la constitución no puede ser una apisonadora que aplaste la voluntad del pueblo Catalán.- Qué cosas hay que oír .- Ahora resulta, que la constitución, la que ha estado guardando durante cerca de cuarenta años todo el esquema social de España después de cuarenta años de dictadura, es lo peor de lo peor porque no deja que España se rompa y porque no puede reconocer que un territorio haga lo que le da la gana como quieren ahora Mas y sus secuaces.
Que todo sea una mentira de Mas ya no nos vale, porque quiere ir a por todas, otra cosa es que lo consiga, pero esa constitución de la que se queja el presidente de la comunidad autónoma de Cataluña, es la que hizo posible que las infraestructuras de Cataluña desde las calles a las vías de ferrocarril y aeropuertos, pasando por puertos museos y creaciones de toda clase de edificios gubernamentales, se llevasen a cabo con dinero de todos los españoles, y que él, esté en el sitio que está.
Para el resto de los mortales de este país, que se hable un idioma en Cataluña no quiere decir que sus habitantes cuando nacen en esa región lleven encima de sus cabezas una aureola diferente al que nazca en Extremadura Aragón o Canarias, aquí somos todos iguales, y el idioma de los territorios no debe prevalecer para que las diferencias entre los hombres y mujeres de los pueblos se agranden, sino para todo lo contrario, y en eso los nacionalistas catalanes están por debajo de la ética moral creyendo que son superiores cuando no es así. El idioma solo sirve para que el entendimiento entre los pueblos sea más factible, y no para apostillarse desde ellos para diferenciar momentos políticos ni sociales. Las palabras que son movimientos de voces que desarrollan una idea, se hable desde el idioma que se hable, solo sirven para un entendimiento no para embriagarse de algo ficticio que solo cree enfrentamiento, ni tampoco para imponer retos detestables, sociales políticos y culturales, por el hecho de que un territorio determinado tenga además de la lengua oficial , otra diferente, porque ningún hombre mantiene una identidad más preciada que otro por ese hecho, si no es capaz de hacérselo ver a los demás con la coyuntura que la democracia nos deja para aprender desde la unidad y el respeto.
Ahora, cuando El Rey deja paso a su hijo Felipe, se están cometiendo actos de vandalismo en contra de la bandera de España en algunas ciudades y pueblos. Una bandera que no deja de ser el símbolo por el que nos hemos regido como referencia en el mundo para todo, lo bueno y lo malo, pero que parece que molesta a algunos como si un trozo de tela tuviese la culpa de las patrañas que ha habido, y de la mala gestión causada por la clase política, cosa rara ésta, que quienes quitan la bandera nacional, ponen una republicana cuya enseña no ha estado ondeando más de siete años en su historia. La idea de la república sería una opción para España, si los políticos no hubiesen tirado por tierra los pensamientos y las ilusiones de las gentes, y hubieran trabajado para la sociedad sin que la sociedad misma se hubiese fragmentado por su culpa. De ser así hoy, yo prefiero como presidente de la república al hombre mejor preparado sin ninguna discusión, al hombre que tiene los valores necesarios para encaminar otros años de paz y de felicidad para todos. El rey FelipeVl.






















