Hace ya tiempo, conocí en la casa donde vivía en Cabra-(Córdoba) a Don José Burgos Serrano, un sacerdote de pelo blanco, delgado, endeble, y sereno como las buganvillas que adornan los patios de su tierra en un día de Mayo caluroso.
El hecho de querer verlo era porque los dos aparecíamos en el libro que publico la editorial Itálica de Sevilla en el año mil novecientos noventa y siete “Versos para el verano” con veintidós coautores, y era de mi agrado conocer al menos a uno de los escritores fijándome en él por el hecho de su sacerdocio.
La casa, cercana a la parroquia de los Remedios de Cabra, estaba cerrada, toqué en la puerta y una señora me indico que subiera las escaleras, y allí estaba Don José, sentado en la mesa camilla aquel mes de enero del noventa y nueve, rodeado de folios y libretos escribiendo con una caligrafía diminuta y cursiva. Después de explicarle mi visita y regalarle mi primer libro de poemas, él me regalo el libro ” Recordando la visita de SS Juan Pablo II a Cuba” de tan solo 9 sonetos y una oración. Dos años después lo visite de nuevo en el mismo lugar, y me regalo otro libro, “La parroquia de nuestra señora de los Remedios de `Cabra y su historia”
En esa primera visita Don José tenía ya 77 años, todo un prototipo de hombre al servicio de la iglesia y de los libros. Nació en Priego de Córdoba en el años mil novecientos veintidós y estaba en Cabra desde mil novecientos veintinueve. Don José se ordenó sacerdote en Córdoba el veintiuno de diciembre del cuarenta y seis y hasta el dos mil seis fue párroco de esa iglesia siendo actualmente párroco emérito de la misma.
Mi sorpresa, grata por supuesto, me la lleve el verano pasado en Córdoba, cuando lo vi caminando sereno de paso firme, el color de pelo blanco cuartilla, y esa palidez en su cara que contrastaba al mismo tiempo con las pocas arrugas en su frente. Lo saludé y me reconoció al instante, y me invitó a sentarnos en uno de los bancos de la calle Gran vía parque justo enfrente de la plaza de toros. Sentí en ese momento que la vejez, con la cabeza en su sitio, es la más rica fortuna de una persona por las vivencias que les depara la vida, y por las historias que puede contar.
Después de charlar sobre algunas cosas, y sobre todo de dejarme bien claro que en los sonetos siempre mete algo que no debe, porque si algún verso rima mejor en asonante lo hace y se queda más tranquilo, sacó una cartera donde llevaba un libro de sonetos dedicado Córdoba y su provincia y me lo dedicó. Acto seguido y sabiendo que yo era de la provincia de Sevilla, preguntome si conocía a Antonio Burgos, el escritor y articulista de ABC, a lo que le contesté que de leerlo como él en sus artículos y de algunos de sus trabajos literarios. Sin preguntar nada más, saco de su carpeta una postal en la que se le veía fotografiado vestido de sacerdote en verde y felicitando unas navidades cuando cumplía sus sesenta y cinco años de sacerdocio, y me dijo; -Mira, es que yo creo que soy familiar de Antonio Burgos pero él no creo que lo sepa y antes de morir me gustaría al menos que me escribiera algo y que podamos comentar algo, o al menos que supiera de mi porque si en verdad somos familia es una pena no haber podido estar en contacto, le voy a dedicar esta postal para cuando lo veas se la des., no hay prisa cuando lo veas, al menos que él la tenga.-
Y hoy he sacado el libro de nuevo y he visto la tarjeta dedicada y me pondré a la búsqueda y captura de este hombre para que Don José, hoy con 91 años con su actividad de sacerdote jubilado en la iglesia de La Inmaculada Concepción y San Alberto Magno de Ciudad Jardín en Córdoba, sepa al menos que intentaré la labor que me pidió.
Este hombre de pueblo, apegado siempre a las letras y a la soledad de los libros, a su mesa camilla y al hambre por escribir, tiene publicados treinta y seis libros, ensayo, prosa, verso, histórico-religioso. Académico correspondiente de la real de Córdoba, miembro numerario de la asociación nacional de escritores españoles, miembro benemérito adonaren del centro cultural literario y artístico de felgueira en Portugal, es sin duda un hombre del que hay que aprender siempre, porque sin lugar a dudas, lo más importante en él, es el amor que tiene por seguir trabajando para los demás con esa fuerza increíble que Dios le dio, y sin pararse jamás a pensar en los años que tiene, sino en el día a día, para trabajar por sus fieles ahora desde su Ciudad jardín, en la ciudad de la Mezquita.
Como diría en su misa, Oremos.






















