Camino de la finca la suerte en Cañada Rosal, hay un pequeño altar que recuerda la muerte de una niña, una niña hermosa de catorce años, cuyo pueblo recuerda cada vez que pasa por allí el fatal desenlace en un accidente cuando iba con algunos amigos.. En la suerte se encuentra la ermita de la milagrosa, y a Soledad Pérez Martín se le ocurrió, contando con la madre de la niña y con el cura Don Fernando Flores, pintar un cuadro, concretamente una milagrosa con la cara de la pequeña fallecida y colocarlo en el altar de la ermita. Informada la directiva del proceso que se iba a llevar a cabo, se le dio el visto bueno informándole además a Soledad de que el cuadro debía ser de grandes dimensiones ya que iba a trabajar en un lienzo de dos metros, así que empezó la pintura con uno mayor. La pasión, el amor y el esfuerzo que puso en el cuadro, quedo reflejado meses después, con un trabajo increíble, una virgen con la cara de la niña, que mereció la bendición de toda la directiva de la hermandad, comprando un marco a la altura de la magnífica pintura.
La autora se comprometió a dejarlo en la ermita indefinidamente, pero dejando claro que quería con un documento notarial la propiedad del cuadro si éste saliese de la ermita, o una directiva nueva no lo quisiera por el motivo que fuere.
El día de los enamorados precisamente, fue cuando le informan, que algunos vecinos no están de acuerdo con llevar la obra a la ermita y que en todo caso habría que exponerla al pueblo para que decidiera y se pondría en un lado del altar, no en el lugar en el que en primer término se decidió. La pintora se negó rotundamente, pensando también en la familia de la pequeña que ya sabía todo el proceso, y también porque el cuadro sería de la propiedad de la ermita en caso de que se colgara en la capilla.
Soledad le pidió al cura Don Fernando, -viendo que no se había podido llevar a cabo lo del primer término,- un lugar en la iglesia de Cañada Rosal para llevar el cuadro de enormes dimensiones, una iglesia nueva y fantástica, digna de albergar una obra de arte como la que Soledad había estado trabajando durante cuatro meses, inmersa en un compromiso que debía servir de apoyo, de recuerdo a una familia, pero al mismo tiempo con una carga emocional tan fuerte como para dudar de, en qué lugar debía ponerse pensando en todos los elementos que formaban parte la historia que contamos. Don Fernando, imagino que titubeante por todo el suceso, y por la presión que podría tener por las hermandades y la comisión, ofreció poner el cuadro en el presbiterio, pero poco antes de colgarlo, se decidió que sería colgado en un lugar más visible. Cualquier artista estaría orgulloso de que su trabajo estuviera en un lugar visible, que se viera, que todos admirasen la obra que una persona es capaz de realizar para el bien de un pueblo, que a veces, solo sabe mirar pero no comprender. Pero Soledad no quiso eso porque sabía que el lugar visible de su cuadro también podría herir a otras personas que formaban parte de la historia del cuadro.
Después de tanto ajetreo con tiras y aflojas con el cuadro, Soledad pidió llevarlo con el apoyo de la madre de la criatura y del cura a la iglesia de El Campillo donde Don Fernando es párroco. La admiración que el lienzo ha producido en El Campillo es indiscutible por todos, y sí es cierto que al igual que en Cañada Rosal, algún contratiempo y algunas quejas se han producido con algunos vecinos que no ven más que la imagen de una niña, a la que no se explican el por qué debe estar en esta iglesia, pero no ven al parecer que la pintura es una virgen como las que pintan los grandes artistas que sueñan con crear en un lienzo algo inexplicable, e irrepetible.
Como todas las obras de arte espero que ésta, con su historia, se quede siempre en este pueblo, porque hemos quedado maravillados y la iglesia ha retomado un esplendor que necesitaba, incluso con los pocos detractores, que son en muchas ocasiones, los que en realidad hacen grande cualquier cosa que tocan por no hacerla pasar desapercibida.
Todas las obras de arte tienen una historia detrás que hacen de ella y del sitio donde se encuentran algo distinto y digno de estudio.
La virgen de la Paloma en el barrio de la latina de Madrid, un barrio castizo donde los haya, no es una imagen de madera como la mayoría de las vírgenes que son veneradas, es un retrato que se encontró una mujer allá por el año mil setecientos ochenta y siete, cuando unos niños jugueteaban con un lienzo, trozos de maderas y otros desperdicios en un solar cercano. La mujer al ver el lienzo de la virgen lo cogió, lo enmarco y lo colgó en su casa. Hoy es junto con la Almudena patrona de Madrid, la más venerada y la protectora de los niños y las embarazadas por el abultamiento del vientre que tiene el retrato seguramente por la poca experiencia del pintor, y hay muchos expertos quienes creen que el retrato es la cara de una monja.
Por otro lado, Caravaggio un pintor Italiano, que trabajaba principalmente pinturas religiosas, para las iglesias y conventos, hizo un cuadro “La muerte de la Virgen” cuya cara de la Virgen María era la de una prostituta que había aparecido ahogada en el rio Tiber , seguramente asesinada después de algún servicio. Todos los cuadros tienen una historia que puedes ver, si lo que realmente quieres admirar no es otra cosa que la obra y saber de ella, y no poner dificultades más allá de querer ver otras cosas que no sirven de nada.
Así que en la iglesia de El Campillo está la magnífica obra de arte. Visítela.























