Un día cualquiera, hablando con Rosi de todo y de nada en concreto, me pregunta de repente:
-¿Tú no has oído hablar nunca del “Chirobado” de Carmona?
-¿”Chirobado”, Rosi? –le respondo, incrédulo ante el término utilizado.
-Sí, hombre, sí, “chirobado”, ¿es que tú nunca has dicho esa palabra?
-La verdad, Rosi, es que no estoy seguro; aunque es posible que en alguna ocasión la haya oído. Quizá de algún niño, puede que en algún chiste… Por el contrario –continúo-, sí me es más familiar “jirobado”, bastante más parecido al convencional jorobado.
-Pues en ese caso –vuelve Rosi a la carga-, caliéntate la cabeza y averigua qué pasa con tantos nombres para decir la misma cosa, que eso no es normal.
Y creo que lleva razón Rosi: ya son muchos los nombres (“chirobado”, “jirobado”, jorobado y otros que no menciono) para referirse a lo mismo. El caso es que hago algunas consultas, y resulta que en ninguno de los diccionarios habituales aparecen los términos “chirobado” o “jirobado” para definir lo que el Diccionario llama jorobado.
Llegados a este punto, para verificar mis informaciones, me dirijo a José, un viejo amigo y hombre cordial donde los halla, el cual, con sobrado desparpajo, al preguntarle por “chirobado”, me sorprende con su respuesta:
-Bueno, tú te refieres a “daleao”, ¿no es eso?
-Hombre –me defiendo, sin mucha seguridad-, yo creo que esas dos deformaciones corporales pueden ser compatibles en una misma persona, pero me parece que son cosas diferentes.
Entonces, mi informante, siempre amable y desenfadado, se rasca ligeramente el mentón en actitud pensativa, me mira luego de soslayo y, con inigualable franqueza, me responde:
-Todo eso que tú dices está bien, pero la verdad, Francisco, yo lo veo todo muy “enreliao”.
En ese momento, le pido disculpas por ponerlo en un aprieto y seguimos hablando de otras cosas sin importancia. Luego, pasado un buen rato, al despedirnos, mi buen amigo, deseoso de agradar, se disculpa:
-Bueno, yo creo que “chirobado” y “daleao” es lo mismo; pero, claro, con las cosas del lenguaje, pues nunca se puede estar seguro… ¿O no es así?
-Como tú lo has dicho, José; ni más ni menos.






















