
Encontré el otro día, rebuscando entre los papeles que me dio mi padre, -hojas de periódicos, la mayoría de recortes de temas taurinos, -un par de hojas de “Casco Antiguo” un apartado de ABC del año setenta y ocho, donde viene seguramente y por primera vez editada la foto de El Bizco Pardal, así como una pequeña referencia suya.
EL día cinco de febrero de ese año, Abel Infanzón, en una pequeña reseña puso que el bizco era nacido y criado en Sevilla, y lógicamente a los pocos días después, concretamente el dieciocho aparecía de nuevo en “Casco Antiguo” y movido por el afán de quienes leyeron la noticia y seguramente informando a “ABC” desde Écija, los datos que con el título de “Datos inéditos sobre “El Bizco Pardal” verificaba que el nacimiento del susodicho y gracioso sevillano, era nacido en Écija, concretamente en la calle donde Écija siempre ha sabido, el número cinco de la calle Moleros. Calle que por cierto casi todos hemos visitado alguna vez cuando llegábamos a la ciudad astigitana de visita.
El nombre del bizco, era según partida de nacimiento, José Ramón García Pardal, nacido en Écija el nueve de Diciembre de 1877. Los oficios que al parecer se le atribuyen fueron muchos, lógicamente como a todo hijo de madre de aquellos tiempos, entre algunos el de cantaor, de repartidor, de becerrista y contador de chistes, al que el diario El Liberal al parecer había publicado alguno de ellos, lo que pasa es que no hay concretamente datos verídicos y exactos que nos hagan ver con un razonamiento perfecto, que fue de él y si verdaderamente fue aficionado a los toros, ya que su primer retrato, hecho en Sevilla en el estudio Saiz y Herrera, está vestido de torero y es el que aparece el día 18 de febrero del 78 en el periódico ABC.
Es posible que su intento de acercamiento a la fiesta taurina, fuera lo que le acercó a conocer al torero del que todos hablan, Joselito el Gallo, y que posiblemente tuviese contacto con él, por las cosas graciosas que siempre tenía y por el sentido del humor, el sarcasmo y el pellizco de gracia que les hacía sentir a quien estuviesen a su lado.
Parece muy certero pues, que Joselito, sí que tuvo contacto con él, y que el bizco, tuviera la necesidad de tener cierta sintonía con el torero de Gelves por la ayuda que éste pudiera prestarle sobre todo económicamente.
De todas formas el gitano Joselito era menor que el de Écija 18 años por lo que cuando el torero tomó la alternativa con tan solo 17 años, el bizco tenía 35, y si con esa edad, tenía que hacer “virguerías” para sobrevivir en la Sevilla de aquellos años de 1.912 , estar al lado de un grande de los toros le servía de apoyo necesario para muchas cosas, entre otras la de ser más popular de lo que presumiblemente ya era.
Los toreros siempre han necesitado de válvulas de escape a sus oficios, y no es nada raro aceptar que cuando había oportunidad de pasarlo bien, o se encontrase con José Ramón, fuera una excusa estupenda de que le contara algunas de sus cosas, que mas bien que chistes , eran anécdotas puras que le habían pasado o alguna invención suya.
También era un bromista Joselito el Gallo, tanto que en la despedida de Bombita en Madrid, que había quedado éste estupendamente, cuando terminó su segundo toro se acercó a Joselito y le dijo, “yo ya he terminado mi vida de torero, no me ofrezcas banderillas en el último toro.” Y Joselito en el sexto lo primero que hizo fue ofrecerle las banderillas a lo que Bombita no pudo negarse poniendo unos pares malísimos mientras que el gitano, lo hizo de maravilla.
Los pueblos y ciudades siempre tuvieron estigmas perfectos, para definir a veces la situación y el enclave sociocultural de una determinada clase, o una referencia al que echar mano para poner de manifiesto que la subcultura ideal y perfecta sí que está reñida con la cultura más real y más puritana de cuantas exista. Y en Écija por suerte, para la realidad de quien quiera echar mano, existió un hombre menudo bizco del ojo derecho, con unos acentos de alegría y querencias hostilmente graciosas, cuyo poder de celebridad en su Sevilla se fue haciendo de boca en boca sin ninguna ventaja de propaganda insana y que marcó un tempo de carisma en el sitio donde vivió en la alameda de Hércules, y en toda Sevilla.
Ya lo dijo Antonio Burgos, “…cada época ha tenido sus personajes. Hubo una Sevilla del Bizco Pardal, una Sevilla de Antoñito Procesiones, y una Sevilla de Manolito Gámez…”
Por eso, aparte de todo lo que significa Écija en todo su esplendor como ciudad, sea romana, y árabe, aparte de la historia cultural que tiene como patrimonio, aparte de sus monumentos y de sus grandes aficiones taurinas, que son muy grandes, aparte de todo eso, Écija tiene un legado célebre, que va poco a poco aumentando desde el boca a boca, al igual que le pasó al bizco, (cuya muerte al parecer le llego entre el año 1.925 y 1.927) y que hay que defender y anotar desde la base mas primordial que es el respeto por la cultura.
Mi último bastión más cercano al Bizco Pardal, era mi abuelo, Juan García Jiménez, que fue vecino de la Luisiana, pariente de éste, al que llamaban Juan Pardal, y al que desde aquí le dedico este escrito, esté donde quiera que esté.























Gracias, Sr. Rivero, por permitirme comprobar que fue real aquel personaje legendario protagonista de los chistes que me contaba mi abuelo, del cual, cuando visitaba la bella Écija, ví que tenía dedicada una calle, y por ello me dije «aquí hay algo más que leyenda», confirmado por su excelente artículo. Gracias.