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LA FRAGUA.- CURAR AL MEDICO.- Juan Manuel Rivero

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El avión siniestrado  de la compañía Lufthansa ha dado mucho que hablar. Nadie está ahora en un pasaje, más tranquilo que hace unas  semanas.

Con ese suceso, de nuevo me acuerdo del dicho que tenemos por aquí, “hasta que no pasan las cosas no ponemos remedio” bueno creo que eso se dice casi en todo el mundo, pero no creo que seamos capaces de acabar con el dicho así sin más, sencillamente porque las personas tampoco vamos imaginando que cosas como estas puedan suceder aunque ya ven, suceden.

Analizar la catástrofe es tan justa como premonitoria, puesto que ya existían libros que de alguna manera relataban hechos muy parecidos a los sucedidos, eso ocurría también con las torres gemelas de Nueva York, pero que se iba a hacer? Las personas somos en realidad confiadas con la sociedad que nos lleva de un lado a otro en los chismes con motor, confiamos en los servicios, en los profesionales y no queremos ni tan siquiera pensar en las cosas malas que nos pueden llegar a suceder. Que se cae una torre? Se construye otra, que un tren es aniquilado por bombas, se sigue uno subiendo en él, porque hay que seguir la vida, que un avión es derribado por un “loco” (que no sé si la definición puede ser certera, aunque para los familiares seguro) hay que buscar un por qué, y seguir la marcha.

Pero hay que pensar después de todo. ¿ Podía haberse evitado?.

Ahora se investiga cada metro de pisadas que dio el piloto suicida y se teme que su estado no era precisamente el adecuado para pilotar. Los análisis, las citas que tuvo con los médicos que le trataban, y los pronósticos al parecer han dejado la huella generalizada que padecía un trastorno y que no estaba en condiciones de volar, ¿pero eso quien se lo ha de traspasar a la compañía y sobre todo a la persona encargada de decidir  que fulanito se quede en casa? Que no es un enfermo que se hace daño él solito, que si fuese así, había que advertírselo a la familia de igual modo, pero poner en riesgo a los pasajeros de un avión por no avisar quien sea o quienes sean, haciéndonos creer a todos que su trabajo consiste solamente en dar un diagnostico y recomendar la medicina que lo trate, y no advertir de la gravedad que puede suponer que un profesional de la aviación trabaje en las condiciones en las que estaba este elemento, eso debe ser un delito criminal injustificable.

Los sistemas que delimitan los accesos a una cabina ya no sirven, era un sistema impuesto después de la caída de las torres, cuando eran los pasajeros de quien venía el peligro, pero que no sirve ya para nada si quien lleva el avión se traza un plan maquiavélico que nadie es capaz de sospechar. ¿Quizás ni tan siquiera en este caso los médicos?..

De igual modo, después de este accidente ya han salido a la luz casos increíblemente asquerosos de corrupción como en Rusia, donde una psicóloga ha sido pillada en su trabajo  cuando un  piloto la sobornaba con dinero para que ésta diera el visto bueno a su estado psicológico. ¿Debemos confiar entonces en los médicos que atienden al personal que dan el visto bueno a los pilotos que nos trasladan?

Pongámonos en situaciones más cercanas, está usted conforme con los médicos que tiene en su entorno? Seguro que  hay muchas opiniones al respecto, y seguro que algunas de ellas con un ánimo inculpatorio nefasto para los médicos.

 Por poner un ejemplo. ¿Algún paciente que tiene la quinta vértebra hecha añicos y no le dan la baja porque la seguridad social “está como está”? que muchas veces digo y cómo demonios está? – porque más bien parece que está ciega según algunos médicos…

 Pero esto ni en aviación, ni en Ultramar vale preguntárselo, aquí o se está bien o no se está y hay que poner rumbo al epicentro del trabajo del paciente e informar a quien sea necesario para que catástrofes como está no vuelvan a ocurrir. Y si hay que trasladar  fuera de este panorama o los médicos corruptos, echarlos,  y en cualquier caso, a los médicos que atienden estos centros especializados, que se curen primero ellos antes de dar veredictos que puedan repercutir en los viajeros.

Los pasajeros lo único que esperamos es tener la certeza de que algún día, recordemos  un viaje en avión de antaño como un recuerdo arcaico, y atisbemos que las probabilidades de hoy se vean distintas,  más eficaces y seguras en todos los conceptos, cosa que aun no podemos decir según los episodios a los que nos enfrentamos.

 

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